martes, 11 de noviembre de 2008

Filosofando...

Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar solo mi país. Pero con el tiempo me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y -quién sabe- tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo.
[Encontrada en la lápida de un obispo anglicano en la Abadía de Westminster]
***Laura***

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya, es precioso. Si todos aplicasemos esta filosofía pronto empezaríamos a notar los cambios. De todas formas, yo aún estoy en la fase de intentar cambiar el mundo...

Laura dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Laura dijo...

Que no te pase como al obispo, entonces. A ver si con su ejemplo puedes llegar a su misma conclusión, pero un poco antes.

Yo creo que la del mundo nunca lo intenté (si acaso, de adolescente). Lo del país, aquí me hallo, en otro... así que es evidente que también ya superé eso.

Creo que ahora voy en la parte de mi familia... pero lo veo complicado.

Un beso,
Laura